Aldous Huxley lo llamó "el lago más bello del mundo", y cuesta discutírselo. El Atitlán llena la caldera de un megavolcán que reventó hace 84.000 años: 340 metros de profundidad — el más hondo de Centroamérica — rodeado por tres volcanes y doce pueblos mayas. Cruzás en lancha de un pueblo a otro, cada uno con su carácter. El agua no tiene salida superficial: se filtra bajo tierra. Hipnótico a cualquier hora.
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