En Caye Caulker hay un único lema pintado en las paredes: go slow. No hay autos, las calles son de arena y el día se mide por las mareas. Te tirás del muelle a un agua tibia y transparente, hacés snorkel en la segunda barrera de coral más grande del mundo y nadás junto a tiburones nodriza y rayas en Shark Ray Alley. Al atardecer, una cerveza fría con los pies colgando sobre el Caribe. Eso es todo. Y es suficiente.
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