Valparaíso no se camina: se trepa. Sus cerros son un laberinto de casas pintadas de todos los colores, escaleras cubiertas de murales y ascensores de madera que rechinan desde el siglo XIX. Cada esquina es una obra de arte callejero, cada mirador una postal del Pacífico. Bohemia, poética y un poco caótica, esta ciudad-puerto Patrimonio Mundial fue refugio de Neruda y sigue siendo la capital creativa de Chile. Perdete a propósito.
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