Seiscientos cincuenta años antes que Machu Picchu, el pueblo Tayrona construyó esto en plena Sierra Nevada. Para llegar a Ciudad Perdida caminás de cuatro a seis días por la selva, cruzando ríos y subiendo 1.200 escalones de piedra cubiertos de musgo. Al final aparecen las terrazas circulares entre la niebla, todavía custodiadas por comunidades indígenas. No hay atajo ni tren: se gana paso a paso, y eso lo vuelve inolvidable.
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