A 3.450 metros de altura, el suelo se vuelve blanco hasta donde alcanza la vista: 212 km² de sal pura bajo el sol de la Puna. En época de lluvia, una capa de agua convierte las Salinas Grandes en un espejo donde el cielo se duplica y perdés la noción de arriba y abajo. El contraste del blanco infinito con el azul del altiplano es de los espectáculos más surrealistas que da el norte argentino.
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