Una bahía en forma de herradura donde el sol se mete justo en el centro del mar: por algo es la capital del surf en Nicaragua. Desde lo alto, un Cristo gigante vigila las olas. Aprendés a surfear en sus playas vecinas —Maderas, Hermosa— de día, y de noche el pueblo se enciende con música y viajeros de todo el mundo. Relajado, soleado y adictivo.
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