Diez mil kilómetros cuadrados de sal blanca y silencio, a casi 3.700 metros de altura. En la estación seca es un tablero infinito de hexágonos que confunde la perspectiva; en época de lluvia, una fina capa de agua lo convierte en el espejo más grande de la Tierra, donde caminás literalmente sobre las nubes. Al atardecer, el cielo y el suelo se funden en uno solo y dejás de saber dónde termina la tierra y empieza el universo.
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