Cascadas que parecen congeladas en el tiempo, colgando del borde de un acantilado en Oaxaca. En realidad son piedra: el agua mineral lleva milenios depositando carbonato de calcio hasta formar estas cascadas petrificadas. Te metés en las pozas naturales del borde, con el valle oaxaqueño extendiéndose 200 metros abajo. Al atardecer, la luz dorada sobre la roca blanca es pura magia.
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