Un oasis verde en el desierto más árido del mundo, donde no llueve hace siglos pero el cielo es el más limpio del planeta. Desde San Pedro salís hacia el Valle de la Luna a ver el atardecer pintar las dunas de rojo, a los géiseres del Tatio que humean al amanecer y a lagunas altiplánicas teñidas de flamencos. De noche, los telescopios revelan una Vía Láctea tan nítida que parece falsa. Tierra, sal y estrellas.
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