Un desierto de dunas blancas que, entre julio y septiembre, se llena de lagunas turquesas: la lluvia queda atrapada entre la arena y forma piscinas naturales tibias hasta donde alcanza la vista. Caminás descalzo por las crestas y te tirás al agua en medio de la nada. 1.500 km² de un paisaje que no existe en ningún otro lado del planeta.
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