Pocos cráteres activos se ven tan de cerca y tan fácil. Una carretera asfaltada te deja casi en el borde del Poás, asomado a un cráter de 1,5 kilómetros con una laguna turquesa hiperácida humeando en el fondo. El olor a azufre te recuerda que la montaña está viva. Madrugá: por la mañana, antes de que suban las nubes, la vista es total. Uno de los volcanes más accesibles de Centroamérica.
Inicia sesión para dejar una reseña
Iniciar sesión